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Por Víctor Martínez
Nos ocupamos aquí hoy de una película de 1950, pero que sin embargo sirve de comentario a noticias de actualidad. Hablamos de “Pánico en las calles” (Elia Kazan, 1950), realizada por Kazan en su periodo de esplendor creativo (“Un tranvía llamado deseo”, “La ley del silencio” y “Viva Zapata” la seguirían, entre otras). La película plantea los esfuerzos de un médico del Servicio de Salud Pública (Richard Widmark) y un capitán de policía de Nueva Orleans (Paul Douglas) por atajar una epidemia de peste neumónica detectada en el cadáver de un extranjero asesinado en dicha ciudad. El problema es que no se sabe ni la identidad del asesino ni del asesinado, por lo que la investigación de presume complicada…
Es un lugar común afirmar que ya no se hacen películas así, pero merece la pena profundizar más en esa frase, ya que casi sesenta años después de su realización la visión de esta película permite observar muchos cambios producidos no sólo en la industria cinematográfica, sino en la sociedad. Para empezar, es muy llamativa la modestia argumental de la película. Hoy en día, cualquier director que trabajara con esta premisa hubiera reservado planos para migraciones en masa de la población (filmados con grúa, por supuesto), planos detalle de las llagas de la peste (sin importarle que la peste neumónica carezca de esos síntomas), intervención masiva del ejército, etc. Sin embargo, aquí la acción se circunscribe al puerto de Nueva Orleáns (perfectamente recreado), lo cual por otro lado es lógico ya que el propósito de los protagonistas es evitar que se extienda.
Es una película basada en la labor de los actores, todos magníficos, aunque es necesario destacar el debut en el cine del gran, gran Jack Palance, dando tanto miedo como siempre en el papel del asesino contagiado que es preciso detener. Debemos destacar, por último, la magnífica planificación de Elia Kazan, con multitud de planos largos en exteriores perfectamente orquestados, que hacen que la película avance con fluidez.
Pasando al punto de vista sociológico, es muy interesante la visión de los autores sobre la relación entre las autoridades y la sociedad respecto a la plaga: los protagonistas, apoyados por el alcalde, hacen todo lo posible por ocultar la existencia de la enfermedad a los periódicos y, por consiguiente, a la población, con la excusa de evitar un éxodo masivo que extendería la enfermedad; por otro lado, la población parece compartir dicha desconfianza, ocultando información a los protagonistas y ralentizando la investigación sin más razón que la pura desconfianza. Esto puede explicarse por el contexto de marginalidad y crimen que se da en los grandes puertos (por lo menos tal y como se muestra en la película, que cuenta con numerosos figurantes no profesionales elegidos en la propia localidad, recurso que ayuda a dar autenticidad a la película y que utilizó recientemente Ben Affleck en su notable “Adiós, pequeña, adiós” (2007)), pero personajes como el dueño del restaurante, aparentemente ajeno a todo ello, también decide mentir a la policía sin motivo aparente.
Comparando estas actitudes con la situación actual, parece claro que la actitud oscurantista de las autoridades sería un suicidio político, y que no se intentaría llevar la situación desde una perspectiva local sino global, con actuaciones coordinadas a nivel nacional e internacional; por otro lado, revisando los comentarios acerca de la actual crisis, me temo que la actitud de desconfianza por parte de la población no ha cambiado, existiendo un amplio sector de la población que por sistema no cree las afirmaciones de las autoridades e imagina conspiraciones y agendas ocultas por doquier. Sin embargo, creo que la actitud abierta de las autoridades colabora a que el estado de preocupación que una crisis de estas características provoca no degenere en pánico.
Finalmente, me gustaría dejar la palabra a los responsables de la web para que analicen la película desde un punto de vista médico, comentando la verosimilitud de los tratamientos, medidas profilácticas, etc. A mí me parecen adecuados, pero yo no soy médico…
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