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Noia 12 e 13 de novembro de 2011
De David Rakel, Ed. Masson 2008
Este manual, basado en la evidencia científica y en una sólida experiencia profesional, proporciona información de gran utilidad para integrar en la práctica clínica, de manera segura y eficaz, las diferentes modalidades de tratamientos complementarios y alternativos. El autor explica cómo las terapias alternativas pueden contribuir a combatir cierto tipo de enfermedades que no responden tan fácilmente a los tratamientos tradicionales.
Se presentan así los tratamientos integrativos para un amplio rango de enfermedades, incluyendo el autismo, la apoplejía, el síndrome de fatiga crónica y varios tipos de cáncer. Se estudia la manera de asesorar al paciente acerca del cuidado de su salud y su bienestar.
La obra ofrece una serie de consejos sobre aspectos tales como la meditación, las dietas de eliminación más recomendables, ejercicios de respiración para aumentar la variabilidad del ritmo cardíaco y disminuir la presión sanguínea, así como ejercicios para el dolor de espalda. Proporciona directrices prácticas y clínicas adicionales y reflexiones acerca de la idea de incorporar la medicina integrativa en la práctica clínica.
Entrevista a David Rakel
«Tenemos que cambiar una cultura que durante muchos años se ha orientado hacia un sistema sanitario centrado en la enfermedad.»
Cada vez es mayor el número de personas que acuden a terapias alternativas para enfermedades que no pueden ser curadas por la vía convencional. Esto es indicativo de las limitaciones de una medicina que ha salvado muchas vidas pero cada día está más arrinconada por sus propias y autoimpuestas barreras.
El doctor David Rakel es uno de los principales promotores de la medicina integrativa, una medicina que parte de una base holística y que trata por igual aspectos hasta ahora desestimados por la medicina convencional. Así, la visión clásica de la salud que consideraba que toda persona es una combinación de rasgos físicos y espirituales sin separación entre mente y cuerpo, vuelve a ser impulsada por personas como David Rakel, para que finalmente sea incorporada a la medicina tradicional e impulse el progreso de una medicina que ha quedado blindada por una visión reduccionista de la realidad.
El doctor Rakel se dedicó a la medicina familiar de forma privada durante 5 años, antes de acogerse a una beca de investigación sobre medicina integrativa en la Universidad de Arizona. Es el fundador y director del programa de medicina integrativa de la Universidad de Wisconsin y trabaja actualmente dentro del NIH (Instituto Nacional de Salud de los EE.UU.) para incorporar la terapia alternativa y complementaria a los currículos de las carreras universitarias de medicina. Es además autor de uno de los libros de referencia más importantes publicados sobre medicina integrativa y es uno de los promotores más influyentes de una nueva medicina que responda mejor a la complejidad del cuerpo humano.
¿Qué es la medicina integrativa?
La medicina integrativa nació a principios de 1990 y surgió del interés general que existía aquí, en Estados Unidos, por la medicina alternativa. En esa época la gente estaba un tanto frustrada porque existía una visión bastante limitada de la salud: si una persona tenía un síntoma, se le proporcionaba un medicamento como única solución. Creo que la opinión pública empezó a darse cuenta de que la salud es mucho más que algo meramente físico.
Es también algo emocional, algo espiritual, que además depende de contextos externos como las influencias de la comunidad en que se vive. Así, la expresión “medicina integrativa” surgió de la toma de conciencia de que era muy importante permitir que la ciencia y la realidad inmediata de cualquier tratamiento actúen juntas y se centren en la salud y en la curación.
De modo que “integrativo” significa incorporar aquellos tratamientos que funcionan mejor para crear salud, ya sean alternativos o convencionales. Estamos intentando eliminar la influencia de las etiquetas y prejuicios y creo que el término “integrativo” va a evolucionar hacia algo que se centra en un sistema de curación, en una forma de alcanzar la salud desde un punto de vista complejo, por lo que va a progresar más hacia el estudio de la salud y la curación. Es emocionante estar ahí para ayudar a centrarnos en lo que es más importante dentro de las comunidades y en la salud de las comunidades en las que vivimos, de forma que necesitemos menos expertos en enfermedades crónicas.
El ácido fítico disminuye el aprovechamiento de algunos minerales esenciales, pero en proporciones adecuadas puede resultar beneficioso para la salud.
Los fitatos se consideran antinutrientes, no sólo porque no son absorbibles, sino porque impiden la absorción de otros nutrientes. Pero eso sólo ocurre cuando se ingieren grandes cantidades de fitatos, lo que no es frecuente. Se encuentran sobre todo en los cereales integrales. Entre las legumbres, la soja es la más rica en estos compuestos.
Son un gran reservorio de fósforo, aunque en general poco asimilable por el organismo, pues la enzima que los desdobla (fitasa) en fósforo y mioinositol se produce en cantidad escasa en nuestro cuerpo. La función beneficiosa de los fitatos sobre la salud se asocia con la de la fibra dietética, a la que están íntimamente unidos.
Se unen a muchos de ellos en compuestos insolubles. Cuando lo hacen con metales pesados como el Cadmio o el Plomo ejercen una notable capacidad de desintoxicación del organismo. Pero cuando lo hacen con el Hierro, el Calcio o el Zinc, pueden favorecer alguna deficiencia.
Los fitatos no son tóxicos ni tienen capacidad mutagénica (degenerativa de las células), por lo que su consumo en exceso no provoca alteraciones graves. Sí reducen la absorción de algunos minerales, pero hay que tener en cuenta la acción de levaduras, hongos, probióticos y el propio estómago humano, que liberan fitasas para descomponerlos.
Se ha observado una reducción del 37% en la formación de cálculos renales, especialmente de oxalato cálcico, cuando se cambia a una dieta más rica en fitatos. Parece ser que la acción se debe a su poder quelante, pero también porque inhiben la formación de sales de oxalato directamente sobre el riñón.
Los estudios realizados indican que ayudan a prevenir especialmente el cáncer de colon, ya que es precisamente en el intestino donde se localizan los fitatos.
El contenido en fitatos de un alimento es relativo, ya que la cocción puede eliminarlos. Las legumbres los pierden si se ponen en remojo durante toda una noche y luego se hierven a fuego muy lento. Los cereales y legumbres también reducen su contenido en fitatos si se germinan, ya que se convierten en verduras, escasas en fitatos.
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