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Para la macrobiótica, el complejo proceso de asimilación de los alimentos por el organismo humano es el punto esencial de la cuestión salud-enfermedad. Según esta visión, los defectos en este mecanismo provocan irregularidades orgánicas y psíquicas. La enfermedad sería entonces la forma que el cuerpo encuentra para compensar esos trastornos y recobrar el equilibrio.
Para retornar al perfecto funcionamiento del cuerpo y de la mente, la macrobiótica recomienda básicamente medidas indirectas, preventivas y educativas que se anticiparían a la aparición de los síntomas, a través de alimentos físicos y mentales adecuados para ser asimilados por cada individuo.
La macrobiótica es la comprensión de la Orden de la Existencia en la Naturaleza que permite a cada uno retomar la responsabilidad y el autocontrol sobre la propia salud/enfermedad de forma independiente.
El principal factor para la transformación de cualquier enfermedad es la alimentación física y mental. Es inútil tomar cualquier antídoto, sea alopático, homeopático o una hierba medicinal, si no se cesa de ingerir venenos. Se practica la macrobiótica a partir de una determinada disciplina inicial, con el objeto de proporcionar a cada uno, a través de esta reeducación del organismo, los medios para liberarse de los malos hábitos, vicios y condicionamientos alimentarios impuestos por una sociedad preocupada exclusivamente por el consumo.
Los alimentos más adecuados son los cereales integrales, las legumbres y las verduras, prefiriéndose los menos contaminados por pesticidas, colorantes y conservantes químicos.
El prof. Georges Ohsawa, nacido en Japón en 1893 a los veinte años de edad se curó de una serie de enfermedades exclusivamente a través de una dieta alimenticia. Desde entonces se dedicó al estudio de la medicina macrobiótica y se transformó en su sistematizador y divulgador en el mundo occidental. Según él, esa medicina es la interpretación biológica, fisiológica y dialéctica de la filosofía del Extremo Oriente.
En su orientación a los enfermos Ohsawa partía de unas premisas básicas: ¿Cuál es su meta en la vida? ¿Qué es una vida feliz?. La salud debe ser alcanzada por el propio individuo, pues aquel que está sano conoce la ley de los cambios, puede superar las dificultades y transformar la enfermedad en salud, volviéndose libre. Para aquel que no sabe qué hacer con su salud, curarse es una pura pérdida de tiempo.
Son siete las condiciones que indican una buena salud:
1.- Tener buen apetito y satisfacerse con los alimentos más simples.
2.- Estar siempre listo para realizar algo y no mostrarse nunca cansado.
3.- Tener un sueño profundo.
4.- Tener buena memoria.
5.- Estar alegre.
6.- Poner esmero en todo, en cualquier lugar, en cualquier ambiente.
7.- Ser íntegro.
Esta última condición es la más importante, pues quien la posee ha alcanzado la serenidad, la capacidad de discernir. La macrobiótica insiste en que la falta de discernimiento es la causa principal de cualquier enfermedad. La proporcionalidad entre los antagónicos salud/enfermedad, vicio/ virtud, inteligencia/ignorancia depende de nuestra condición de discernimiento.
La culinaria macrobiótica es muy variada y sabrosa. Los que piensan que la macrobiótica es prohibitiva están muy equivocados, pues en realidad, quien comprende el principio puede comer de todo equilibrando calidad y cantidad adecuadamente. Por otro lado, quien no sigue ese principio, aun utilizando ingredientes auténticos y/u orgánicos, si no los sabe equilibrar, se encuentra en condiciones peores que los que consumen con criterio alimentos intoxicados.
En el inicio del tratamiento macrobiótico, sin. embargo, es indispensable poner al organismo en condiciones de recuperar la sensibilidad selectiva por medio de la restricción y el control de la dieta.
La dieta macrobiótica básica para enfermos es la siguiente:
1.- Desayuno: croqueta de arroz (ajonjolí y sal), o croquetas de arroz integral hervido, molido y hecho al horno, o pan de sartén de harina de trigo integral. Lo ideal es permanecer en ayunas hasta la hora del almuerzo.
2 – En las comidas principales (almuerzo y cena): de 60% a 80% de arroz integral hervido con agua y sal y de 40% a 20% de platos secundarios. (De dos a cinco variedades de legumbres, verduras, algas hervidas y conservas de vegetales en el misó). Las hortalizas más recomendadas son: lampazo mayor, raíz de loto, nabo blanco y largo, calabaza positiva (Hokkaido o Ebisu), cebolla, ñame blanco, ñame de china, acelga, achicoria, ajipuerro, trifolio (trébol acuático).
Como aderezos se pueden utilizar aceite de ajonjolí (de vez en cuando); shoyu (salsa de soja auténtica, sin azúcar y sin colorantes); miso (pasta de soja fermentada), iriko (pescaditos secos); sal marina molida.
Se debe masticar un mínimo de 80 veces cada ración de comida, sin mezclar los platos. Como bebida se recomienda tomar lo mínimo posible y siempre sin adulzantes los tés de consuelda, habú, nogul, llantén o banchá de tres años. Las bebidas alcohólicas, gaseosas, jugos, dulces, productos refinados y quimificados se deben evitar.
3 – Al incluir un alimento en la dieta, se deben observar las estaciones del año. En el invierno, dependiendo de la condición del enfermo, las proteínas animales (pescado de carne blanca o pollo joven y frituras) se podrán consumir de manera moderada. En el verano se puede añadir ensalada de verduras permitidas y eventualmente frutas más positivas (manzanas, sandía, fresas cultivadas) según la condición del enfermo.
4.- Aproximadamente 20 ó 30 años atrás, el profesor Ohsawa recomendaba ingerir solamente arroz integral por diez días, o dependiendo del caso el ayuno total. Actualmente dichas prácticas no son recomendadas porque las personas en general están extremadamente intoxicadas. La dieta rigurosa puede provocar reacciones peligrosas y hacer que se concentren en la sangre los elementos tóxicos depositados en las células o provocar posteriormente un desequilibrio alimentario incontrolable.
Todos los fenómenos y sus procesos de cambio son gobernados tanto por la fuerza Yin (centrífuga) como por la Yang (centrípeta), las cuales están siempre transformándose una en otra, en un ciclo continuo.
La alimentación macrobiótica respeta el principio Yin-Yang en todos los momentos, desde la elección de alimentos y la manera de cocinarlos hasta el modo como comerlos: empezar con un alimento Yang y después ingerir un Yin, comer separadamente cada plato, masticar bien, etc.

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