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El “efecto placebo” se acepta por la comunidad médica alopática como algo natural e innerente al ser humano. Tal es así, que cualquier prueba con un medicamento nuevo que necesita ser testado en enfermos, debe asegurar el resultado filtrando aquellas curaciones del efecto placebo. De este modo, se administra el medicamento a testar a unos enfermos, y a otros, un placebo. El resultado de la prueba tendría que verificar estadísticamente una mejoría sustancial de aquellos enfermos que tomaron el medicamento respecto los que sólo tomaron un placebo.
Es fantástico comprobar como los científicos fijan el foco en los enfermos curados con el medicamento, felicitándose entre ellos, llenos de orgullo por el éxito de la prueba. Y sin embargo ignoran el milagro más importante obrado frente a ellos: el milagro de la curación sin medicamento.
Es decir, lo que los biólogos y científicos han tardado meses, quizás años, en encontrar un medicamento para curar cierto tipo de enfermedad, una persona ha tardado sólo días en curarse gracias a “su” efecto placebo ¿No significa esto que el cuerpo tiene su propia medicina curativa? Y si uno se cura por sí mismo, sólo con su cabeza, con su pensamiento, con su fe: ¿No deberíamos de tener todos esa capacidad?
Aquí esta la clave, el verdadero foco donde se deberían concentrar todos los esfuerzos ¿Qué ocurre en ese organismo que obra una curación autónoma? ¿Qué reacciones químicas ocurren a nivel físico?
Los órganos de estos enfermos empiezan a funcionar estimulados por sí mismos, por unas sustancias que genera él mismo y que, en el tiempo, causan su curación. Esta teoría es la científicamente aceptada para intentar comprender, en una mente “racional”, el efecto placebo. Porque, no nos engañemos, el efecto placebo es la excepción que valida la regla, “su regla”. El efecto placebo es el nombre que han puesto a su ignorancia, donde no quieren ni ver ni mirar, porque eso significaría dudar de su ciencia, de su razón. El mundo se dobla y todo necesita volver a ser revisado.
Si cualquier persona tiene la capacidad de curarse por sí misma, habrá que encontrar el iniciador de este efecto curativo. El placebo es un iniciador de este proceso que sólo son capaces de crearlo unas cuantas personas, susceptibles a la creencia de que están tomando un medicamento que les curará.
Esta susceptibilidad, Hahnemann la define perfectamente en su Organón. Y son precisamente, estas personas las que mejor experimentan las patogenesias. Y son, también, aquellas que muestran más fácilmente los efectos de un medicamento homeopático. Esto no significa que todas las personas susceptibles sean capaces de curarse por sólo el “efecto placebo”, sino que todas las que se curan por el “efecto placebo” son susceptibles, pues a esta susceptibilidad habría debe añadise una cualidad muy particular y personal de credulidad.
La diferencia entre curarse por placebo o por acción de un medicamento homeopático reside en el origen del estímulo. Mientras en el primer caso, su origen se debe al pensamiento positivo del enfermo, el conocimiento de su enfermedad y en la voluntad de recuperar su salud apoyado por un elemento de credulidad, como es el placebo, en la homeopatía ocurre algo muy distinto. En una curación homeopática, el enfermo también conoce su enfermedad, también existe la voluntad de curación, también el pensamiento positivo e incluso el elemento de credulidad, el del propio medicamento. Luego ¿qué más hay que no hace placebo a un medicamento homeopático? La principal y diferencia real es la información que hay dentro del medicamento y que no existe en el placebo.
En el placebo no hay información orgánica estimulante alguna, la estimulación es totalmente interna y personal; depende de una capacidad mental y espiritual que pocas personas tienen, o dicho de otra forma, la capacidad de ser susceptibles a su propia credulidad. En el medicamento, la información que contiene es muy precisa, y actuará en la medida que sea capaz de desencadenar reacciones en el organismo que lleven a la curación.
Para este modelo, no se requiere el nivel de susceptibilidad que sólo algunos poseen, por lo que el espectro de enfermos candidatos a experimentar curaciones homeopatáticas será mucho mayor. Y digo mayor que no total, pues hay personas tan intoxicadas física, mental e incluso espiritualmente que ni siquiera la homeopatía puede causar estímulo alguno en ninguno de sus planos vitales. La homeopatía es algo muy sutil capaz de desencadenar grandes cambios, pero para que el cuerpo escuche lo sutil, primero debe eliminar el ruido que anula su atención.
Las personas más crédulas siempre serán más fáciles de guiar por el homeópata, pues su ayuda de fe es igualmente valiosa y nunca hay que despreciarla. Es por ello que un “efecto placebo”, que por supuesto también ocurre en Homeopatía, ayudará más a este proceso, aún no siendo necesario para su curación.
En estos casos, donde obra junto al medicamento la acción crédula del enfermo, el resultado quedará influenciado, tanto para bien como para mal:
Cuando es para bien, el homeópata creerá que el remedio fue el adecuado y su terapia la acertada. Pero tendremos dos opciones: que el medicamento era el adecuado y junto con la ayuda del “efecto placebo” obraron juntos y bien, o que siendo el medicamento neutro o inadecuado, gracias al “efecto placebo” se curó también. En ambos casos se produce una mejoría real, pero la experiencia demuestra que las curaciones debidas solamente o parcialmente por el “efecto placebo” acaban mostrando su verdadero rostro en el tiempo, es decir, reaparecen los primeros síntomas por los que acudió al médico. Sólo los casos curados escritamente por el “efecto placebo”, y cuya curación se mantiene en el tiempo, pueden ser provocados por personas con esa capacidad especial de credulidad; que por otra parte serán los menos casos. Y sólo en estos casos, no habrá manera de conocer quién o qué obró exactamente y de qué manera, pero no importará pues ambos, paciente y médico, estarán satisfechos del resultado.
Por otra parte cuando la ayuda crédula del “efecto placebo” actúa en sentido contrario al medicamento, ya sea por falta o pérdida de fe, por depresiones o sucesos negativos sobrevenidos, el medicamento, cuando está bien prescrito, actuará igualmente. Probablemente tarde más, pero el buen observador contemplará cambios suficientes como para confiar en la buena indicación de la terapia. Esta es la grandeza de la homeopatía y lo que la hace distanciarse del simple “efecto placebo”.
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