boletines
Cargando... páginas
Máster 2010
enlaces
- Articulos medicos - Articulos medicos y estudios recientes
- Congresos médicos - Calendario de congresos y eventos
- El cine, según Víctor Martínez - Blog sobre cine
- Recetas y cocina - Recetas de cocina
- Thermomix - Recetas thermomix

Porque las arrugas se forman por la pérdida de tersura y elasticidad de la piel debido a la progresiva degradación de las proteínas que la sustentan.
Y resulta que el té blanco presenta un elevado contenido en compuestos (fundamentalmente polifenoles) capaces de inhibir la actividad de las encimas responsables de la degradación de las dos principales proteínas estructurales de la piel como son la elastina y el colágeno –que constituye el 80% de la piel-responsables, respectivamente de la elasticidad y de la firmeza y tensión de aquella.
Así lo pone de manifiesto un estudio efectuado por investigadores de la universidad de Kingston y recogido en BCM Complementary and Alternative Medicine para quien tenga a bien consultarlo.

Así se ha dado en denominar al contraituitivo efecto por el cual al agitar verticalmente un recipiente lleno de una mezcla de partículas de distintos “diámetros” pero densidades similares, los más grandes, a pesar de ser más pesados, acaban por ocupar la parte superior del envase.
Un efecto que también se denomina, de forma alternativa y en ocasiones, como Efecto muesli al apreciarse asimismo de forma harto notoria en los paquetes de cereales variados. Y que igualmente podría haber sido referido como efecto patatas fritas de bolsa, que todos hemos comprobado que al abrir una de estas bolsas, los “ejemplares” más grandes están arriba quedando en el fondo los fragmentos y “faragullas”.
Y si aún no lo has comprobado a qué esperas, corre a la despensa o a tu tienda de alimentos más próxima y compruébalo en tus propios snacks. Merece la pena… aunque sólo sea como excusa para abrirlos y luego “tener” que comerlos antes de que se pongan resesos. Y cuando los acabes siempre puedes volver a repetir el experimento en aras de convencer a tus conocidos más incrédulos… y a tener otra vez la excusa perfecta. Pero no seguiré en esta línea, so pena de que luego me acusen de favorecer los malos hábitos alimenticios.
Pues bien, dicho efecto se conoce “oficialmente” desde 1939. Y desde entonces se ha constituido en uno de los enigmas predilectos de la física y los físicos- a los cuales el interés les vienen por la importancia que, según explican llenos de razón, tiene este fenómeno en el comportamiento de las mezclas de sólidos y en concreto en los procesos de mezcla y segregación-. Físicos que han descubierto no menos de una decena de mecanismos implicados en la regulación de dicho fenómeno y que van desde la influencia de la temperatura ambiente hasta la relación de radios y densidades de las distintas clases de “partículas” implicadas, pasando por el efecto del aire intersticial e incluso el tiempo de agitación.
Y un fenómeno que, no obstante, y para nuestros propósitos práctico-alimenticios, puede explicarse atendiendo a dos factores fundamentales: la percolación y la convección. Dos muy poco apetitosos tecnicismos que ocultan comportamientos tan familiares como fácilmente apreciables.
La percolación se define como el movimiento a través de un medio “poroso”, lo que en el caso que nos ocupa se traduce en que al agitar el recipiente todos los frutos secos (o, en general, partículas), despegan -esto es, se elevan- y al mismo tiempo se despegan –se separan- unas de las otras antes de volver a aterrizar en una disposición ligeramente distinta a la original, lo que da lugar a la posible aparición de nuevos espacios vacíos o “huecos” a los cuales pueden caer las partículas más pequeñas. Como cae de cajón, que sean las grandes las que los ocupen es mucho más improbable porque entonces el agujero debería ser “socavón”.
Un efecto al que bien podría denominarse Efecto Tetris por analogía con el popular y adictivo juego en el que también son las piezas más grandes y por tanto más difíciles de encajar en los huecos que se van originando las que al final quedan siempre arriba bloqueando el paso de otras nuevas y provocando el “game over”.
El segundo “gran” efecto explicatorio es la convección. Como tal se entiende la presencia de corrientes implicadas en el desplazamiento relativo –de unas respecto a las otras y su consiguiente mezcla- de las distintas partes o “volúmenes”,… de un “fluido” o medio.
Para entender y ver este efecto, una buena idea es poner a cocer un poco de pasta. Cuando el agua, ya con la pasta incorporada, empiece a hervir, observaremos que en el centro de la pota y arrastradas por las corrientes de convección que se forman en el agua bajo la acción del calentamiento, emergen las piezas de pasta que de inmediato son desplazadas por las que vienen detrás hacia los bordes de la pota donde de nuevo se sumergen hacia el fondo.
Pues el efecto que se da en la latas de frutos secos es análogo sólo que en seco y propiciado, en lugar de por la agitación térmica, por la agitación mecánica. Así, con cada sacudida, los frutos secos situados en la parte central del frasco se elevan o ascienden un poco más que los ubicados en los laterales, que malgastan parte del impulso en superar la fricción que ofrece la pared del recipiente. Esto causa la aparición de una corriente central ascendente que se ve compensada por otras descendentes, localizadas en los bordes del frasco y que lleva a los frutos que originalmente ocupaban la superficie a bajar para ocupar el vacío dejado en la parte inferior por aquellas.
Pero claro, los bordes, por definición, son una región estrecha por la que sólo pueden caer los frutos secos más pequeños. Por el contrario, los más voluminosos, encabezados por las nueces de Brasil, no caen sino que quedan “atorados” en la superficie con el resultado global de que después de unas cuantas sacudidas casi todos y todas (las nueces de Brasil) acaban arriba y colapsan el ciclo convectivo. Vaya, que no ha lugar a que se sigan dando estas corrientes de convención porque aquellas se han establecido firmemente en la superficie. Por mucho que agites, serán sólo ganas de dar la lata.

Porque son la parte más sabrosa. O mejor dicho, con más sabor.
Fruto de que las semillas son el tejido del tomate que presentan un mayor contenido, con diferencia, de glutamato monosódico (GMS). Que es un potenciador del sabor natural que está presente en cantidades “interesantes”, además de en el tomate, en otros alimentos como son el queso parmesano, las setas, la salsa de soja, las anchoas o el jamón serrano; que gracias a ello se han hecho un hueco en nuestra despensa como aderezo “indispensable” de multitud de platos.
Y aunque esta explicación es suficiente para salir del paso, la realidad es algo más “compleja”. Así que vamos a complicarnos un poco: no es que el glutamato se limite a reforzar los sabores ya presentes sino que, además, le aporta un sabor nuevo, el sabor a umami.
¿Te suena a chino? No estás tan desencaminado ya que el sabor a umami fue descrito por vez primera en 1908 por el químico japonés Kikunae Ikeda al aislar el glutamato monosódico en su intento de identificar a qué sabía la sopa de algas.
No obstante no fue hasta el año 2000 y a raíz de la identificación en la lengua de receptores (gustativos) específicos para el glutamato que el umami ha sido reconocido como el quinto sabor básico, junto a los ya clásicos dulce, ácido, amargo y salado.
Bueno, ¿y a que sabe el umami? Buff, menuda pregunta. Podría decirse que es el sabor asociado a las proteínas y aminoácidos. O, expresado de una forma todavía más intuitiva, es a lo que saben los aminoácidos. O, directamente a lo que sabe el glutamato. Y aquí es donde se impone aclarar que el glutamato es una sal –una forma más estable de presentarse; y en concreto el glutamato monosódico es la forma más corriente en la que se presenta- del ácido glutámico, un aminoácido muy abundante en las proteínas. Así, cuanto más sepa a umami un alimento, mayor contenido protéico tiene.
Y asimismo se impone explicar que, desde un punto de vista evolutivo, tiene todo el sentido que el hombre, y en general los mamíferos, dispongan de unos receptores que les permitan identificar a través del gusto qué alimentos son una buena fuente de aminoácidos teniendo en cuenta la importancia de estos en el organismo como los “ladrillos” con los que se fabrican los tejidos. De modo análogo a cómo el sabor dulce nos indica que un alimento determinado es una buena fuente de energía gracias a su contenido en azúcares.
Eso, si se forma parte del bando que le reconoce al umami un sabor propio porque hay otro bando que mantiene que sí, que el umami será el quinto sabor básico y lo que quieras, pero que en realidad no sabe a nada. No tiene identidad independiente como un sabor diferente y se limita a realzar los demás, que tampoco es poco.
Pero ya sea como mero potenciador, ya sea como saborizante, lo que es impepinable es que el glutamato abunda en las semillas del tomate como en ninguna otra parte de esta hortaliza y que ese es el motivo por el que el corazón del tomate es la parte más sabrosa. Por algo los cocineros se refieren a él como el caviar del tomate.
acerca de
Hola, estás viendo el blog sobre Medicina Integrativa del doctor Gabriel Camacho.
categorías
- Alimentos (52)
- Artículos Medicina Integrativa (92)
- Casos clínicos (6)
- Formación (6)
- General (5)
- Medicamentos homeopáticos (61)
- Medicina y Cine (8)
- Medicina y Literatura (21)
- Plantas medicinales (32)
- Tecnología de los alimentos (58)
meta
calendario
| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| « ene | ||||||
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | ||||
Entradas Recientes
Brigantia Servicios Tecnológicos, diseño y posicionamiento de páginas web en A Coruña


