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Fue la Iglesia Católica la que dio impulso a los placebos. En el siglo XVI y en un esfuerzo por desacreditar a los que se lucraban con los cada vez más frecuentes exorcismos, se les ocurrió mostrar falsos objetos sagrados a aquellos que decían estar poseídos por el demonio. Si tras esta visión éstos reaccionaban con violentas convulsiones (como si realmente hubieran estado ante una herramienta eficaz contra Satanás) los sacerdotes sabían que todo era imaginación, que el diablo no estaba en su cuerpo.
La idea cundió entre la comunidad médica y a partir del siglo XVIII se extendió el uso de tratamientos inocuos para calmar a los pacientes, aunque su despegue definitivo llegó con la aprobación de los ensayos clínicos después de la II Guerra Mundial. Desde entonces, los placebos han estado rodeados de luces y sombras, de defensores y detractores.
La revista médica The Lancet realiza en su último número una exhaustiva revisión sobre todos los aspectos relacionados con ellos. Y concluye varias cosas importantes: primero, que el efecto placebo es psicobiológico y atribuible a todo un contexto terapéutico, no sólo a una pastilla. Segundo, que puede darse el efecto en la práctica clínica incluso cuando no se administre ningún placebo. Tercero: existen muchos efectos placebo, no sólo uno.
Para empezar a analizar el tema, hay que definir el concepto: “es una sustancia o procedimiento inocuo y el efecto placebo es algo que sigue a la administración de dicha sustancia o procedimiento”. Es inocuo pero causa una reacción. La paradoja y lo que ha creado toda la confusión es que, en teoría, si algo es inocuo no puede desencadenar ninguna reacción.
Pero la evidencia sugiere que el efecto placebo no es algo aislado sino parte de todo el ambiente que rodea a un tratamiento y que incluye la interacción entre el paciente y el médico, la fase de la enfermedad y las esperanzas creadas con el tratamiento.
Desde un punto de vista psicológico, hay diversos mecanismos para inducir los efectos placebo. Los más conocidos son dos: las expectativas y el condicionamiento. Las alabanzas que el médico hace de una terapia concreta, cómo la”‘venda” antes de empezar y cuánto se ilusione el paciente son esenciales para desencadenar una respuesta positiva.
Cuantas más expectativas se tengan, más fuerte será el efecto. Y, por el lado neurobiológico, los placebo pueden actuar tanto en personas sanas como en enfermas y en distintas partes del cuerpo. Según este trabajo, la mayor intensidad se consigue cuando se combina el ritual del placebo, o la forma de suministrarlo (por ejemplo, pastillas, acupuntura o jeringuillas) , con una buena relación médico-paciente.
Los estudios más recientes concluyen que cuando el paciente ve cómo le ponen el fármaco, cuando es el médico el que le explica qué le va a suministrar, experimenta unas sensaciones de recuperación más significativas que cuando recibe el compuesto a través de una máquina.
Aunque sepa que en algún momento le están medicando, su organismo no reacciona igual. Los beneficios del placebo para el enfermo son reales y las investigaciones han mostrado que sus efectos terapéuticos son a largo plazo y en poblaciones muy diferentes.
No obstante, la promoción de este producto en la práctica clínica es éticamente controvertida y, antes de recomendarlo para determinados casos, requiere más conocimiento sobre la relevancia que podría tener.

Desde hace tiempo, los científicos saben que una moderada ingesta de vino tinto se relaciona con un bajo riesgo de problemas cardíacos. Sin embargo, hasta tiempos recientes no se había profundizado en la investigación del resveratrol en la esperanza de vida.
En un litro de vino tinto se pueden encontrar de 1,5 a 3 miligramos de resveratrol. Si un humano de 70 kg quisiera incorporar resveratrol, debería tomar entre 750 a 1500 botellas de vino tinto por día. Difícilmente eso tenga algún efecto positivo en el sujeto. Por ello, se ha reproducido en cápsulas mediante biotecnología de determinadas especies vegetales para aumentar nuestra esperanza de vida sin resaca ni cirrosis.
David Sinclair, biólogo molecular y genetista, es el descubridor de los efectos contra el envejecimiento de un componente del vino tinto llamado resveratrol.
La edad es un gran factor de riesgo para muchas enfermedades debido al debilitamiento del organismo a consecuencia del envejecimiento. Sin embargo, los estudios sobre una molécula que alarga la juventud, ralentizando el envejecimiento, podría abrir toda una línea de investigaciones sobre enfermedades tales como las cardiovasculares, la diabetes, el cáncer, o el Alzheimer.
Las investigaciones del Dr.Sinclair, Profesor de Patología en la Escuela de Medicina de Harvard y Codirector en los laboratorios Paúl F. Glenn de los Mecanismos Biológicos del Envejecimiento, y de Leonard Guarente, Profesor de Biología de Novartis en el Instituto de Tecnología de Massachussets, han demostrado que es posible ralentalizar el envejecimiento gracias a una molécula llamada Resveratrol.
Las células se van deteriorando debido a una serie de factores que causan el estrés ambiental, lo cual provoca inflamación en la célula y el mal funcionamiento en la fase de mitosis de la misma, que cada vez hace la división de manera más rápida y olvida reparar el ADN, produciéndose así un envejecimiento acelerado de la célula.
Desde el siglo pasado se conoce que la manera de ralentalizar el proceso de envejecimiento es llevar a cabo una dieta hipocalórica. De esta manera se activa el gen de la longevidad de la célula, el SIRT1, que hace más lento el ciclo celular, reduciendo la proliferación de la célula y dejando tiempo para que ésta repare el ADN.
Tras años de investigación, los científicos descubrieron una molécula llamada Resveratrol que se encuentra en algunos productos naturales como el vino tinto y en algunas plantas, como en la Polygonum Cuspidatum, de procedencia china.
Esta molécula produce el mismo efecto que la restricción calórica creando en la célula una falsa impresión que hace que se active el gen de la longevidad.
El resveratrol es una fitoalexina (polifenol) de origen natural presente en la cáscara de uvas rojas, frambuesas, moras, ciruelas, manises, arándanos y las raíces y tallos del Knotweed japonés (Polygonum Cuspidatum), una planta medicinal originaria de China y Japón.
Este polifenol contribuye a nuestra salud, dado que tiene efectos beneficiosos en el sistema cardiovascular, ya que reduce la tasa de colesterol y el nivel de los triglicéridos, inhibe la agregación plaquetaria, induce un efecto vasodilatador en el sistema arterial y actúa sobre la insuficiencia venosa que provoca la formación de varices.
En el sistema nervioso, aunque en menor incidencia, se habla de efectos beneficiosos en el caso de enfermedades como Alzheimer y Parkinson, mientras que en el metabolismo incide en la pérdida de peso a través de la estimulación de las sirtuinas. En el caso de la menopausia actúa como un potente fitoestrógeno y está reconocido su papel quimiopreventivo, ya que inhibe el desarrollo de células cancerosas.
En lo que respecta al envejecimiento, el resveratrol incrementa la actividad de enzimas antioxidantes endógenas encargadas de prevenir el envejecimiento. Gracias a su modulación de la actividad de las sirtuinas y sus efectos sobre la restricción calórica, se logra incrementar la esperanza de vida y retrasar la aparición de trastornos relacionados con el envejecimiento
El resveratrol mejora la salud en los tejidos y en cada uno de los órganos por separado. En el caso de la arteria aorta en concreto, un vaso sanguíneo que pierde elasticidad por el depósito de grasas y el paso del tiempo, mantiene durante más tiempo su flexibilidad.
Otros efectos positivos indican mejor salud ósea, mejoraron el equilibrio y la función motora y redujeron la aparición de cataratas.

La persona que acompaña en el parto puede ayudar a la madre a colocar el bebé al pecho, de modo que pueda prenderse correctamente y no haya mala posición de la boca al mamar. Tal vez sea preciso utilizar almohadas debajo de la cabeza de la madre o de sus brazos si está sentada. Ella puede también girar hacia un costado y colocar al bebé junto a su cuerpo.
Un bebé nacido por cesárea también se beneficia del contacto piel con piel si se lo coloca junto a la mejilla de su madre inmediatamente después del parto. En este caso, cuando se inicia la lactancia materna (a ser posible durante las dos primeras horas posteriores al parto).
Para los recién nacidos saludables de bajo peso, el método canguro resulta efectivo para su cuidado. El método de asistencia llamado de la madre canguro significa un cuidado piel con piel precoz, prolongado y continuo en posición similar a la de un canguro, entre la madre y el recién nacido. Este tipo de asistencia ha dado resultados para lograr la temperatura corporal efectiva y prolongada y una frecuencia cardíaca y respiratoria en los recién nacidos de bajo peso. El cuidado piel con piel fomenta un buen contacto con el pezón y la succión, el lazo entre la madre y el hijo y el establecimiento de una lactancia materna exitosa una vez que el lactante está lo suficientemente maduro como para succionar.
Este contacto favorecerá el establecimiento de una flora habitual ideal para el recién nacido y específica con los anticuerpos que le presenta la madre. La colonización bacteriana también favorecerá el aporte de vitamina K en el niño.
El calostro, esa primera sustancia láctea pegajosa y amarillenta, debería ser lo primero que pruebe el bebé. No es aconsejable proporcionar agua, ni otra bebida o alimento a modo de ritual.
La madre y su bebé deberían permanecer juntos. Durante las primeras horas posteriores al parto se controlan la temperatura, pulso y tensión arterial (a menudo denominados signos vitales) de la madre y la hemorragia mientras el bebé permanece sobre su pecho. De esta manera, también es posible controlar la temperatura, respiración y frecuencia cardíaca del bebé. La madre, instintivamente, y los que la acompañan, van a aprovechar estos momentos para repasar todos estos puntos:
1) Darse cuenta si el niño respira, si lo hace fuerte o si no respira, si llora.
2) Mirar el color del niño, si está amoratado o de color sonrosado.
3) Observar los movimientos del niño, si está flácido o mantiene buen tono muscular.
4) Percatarse si responde a estímulos.
5) Mirar si le late el corazón; a veces esto no se mira; se supone, si los otros puntos están bien.
La primera en sistematizar estos parámetros fue una mujer pediatra: Virginia Apgar. Posteriormente, con estos cinco puntos se ha hecho un test, valorando de 0 a 2 cada uno y dando como resultado una puntuación total de 0 a 10.
Pero la madre, antes de entretenerse a valorar todo lo anteriormente dicho:
– Limpiará por la nariz las vías respiratorias del niño succionando con su propia boca o una pera de goma. Esto sólo si las lleva obstruidas.
– Controlará el cordón umbilical para no cortarlo hasta que deje de latir.
– Limpiará los ojos del niño con agua o unas gotas del limón muy diluido.
– No limpiará nada del vermix caseoso y dejará que la piel del niño se nutra con este vermix.
– Una vez cortado el cordón umbilical, examinar y comprobar que hay una vena y dos arterias.
Después de hecha esta primera visión, sobre la marcha se pueden explorar en el niño otras partes de su cuerpo, haciéndole responder a estímulos nerviosos:
- Reflejo de moro o del abrazo: Si se coge al niño sentado y se le suelta para volver a cogerlo o se le pone tumbado boca arriba en la cama y se golpea ésta, el niño abre las manos y los brazos. Este reflejo se mantiene hasta los 3 ó 4 meses.
- Si ponemos al niño boca abajo, al verse así, eleva la cabeza; es el reflejo de enderezamiento de la cabeza.
- Si le tocamos el labio superior o región geniana del labio, el niño trata de succionar. Es el reflejo del hociqueo.
- Si se le estimula la boca o los labios con el pezón o los dedos, el niño succiona. Es el reflejo de succión.
- Si se le estimula en la espalda en los cuatro puntos cardinales, el niño se mueve. Es el reflejo de los cuatro puntos cardinales.
- Si le estimulamos un lado del tronco, el niño se curva hacia ese lado. Gracias a estos dos últimos reflejos puede observarse cómo el niño repta.
- Si lo sujetamos por las axilas, un poco inclinado hacia delante, y se apoya en una mesa, iniciará la marcha.
- Si le tocamos la palma de la mano o la planta la del pie, rápidamente estira los dedos. Es el reflejo de Babinsky o de Barraquer. Dura hasta los 9 meses, el que desaparezca este reflejo se asocia a que el niño pronto va a comenzar a andar.
Muchos de estos reflejos se observan de forma espontánea en el recién nacido al colocarlo sobre la barriga de la madre. Los realiza de forma automática el bebé al buscar el pezón de la madre.
Además de estos reflejos, si se posee un fonendoscopio, se pueden auscultar los ruidos cardíacos.
Los dos tonos son iguales y los espacios sistólico y diastólico también. La tensión del niño no suele pasar de 80-90 la máxima y la mínima suele ser de 50.
Vigilaremos también si orina antes de 24 o 48 horas y si expulsa las primeras heces o meconio, de coloración negro-verdosa.
Otra prueba a valorar sería si existen pequeñas subluxaciones de cadera. Se valorará haciendo la maniobra de Ortolani. Se cogen las piernas del niño acostado hacia arriba y se le hace abducción y aducción de cadera (abrir hacia fuera y cerrar hacia dentro las caderas). Se comprueba que el movimiento sea correcto, que no se atasque. Luego se ponen las piernas flexionadas en ángulo recto de cadera y de rodilla y se comprueba que estén a la misma altura.
En la medicina fetal y neonatología actual nos encontramos con recomendaciones dirigidas al recién nacido sano que junto a la indicación de respetar en todo momento al niño y realizar la menor cantidad de maniobras posibles, al final hay una intervención sistemática basada en el miedo y en la intención de prevenir todas las enfermedades posibles a base de medicación preventiva y una analítica exhaustiva, con intervenciones gratuitas que van desde sondas nasogástricas, intubaciones, vitamina K, prueba del talón o cribado endocrinometabólico que incluirá obligatoriamente la detección del hipotiroidismo congénito utilizando como marcador a la TSH (normal< 10 U/ml) y de la fenilcetonuria determinando la fenilalanina (normal < 2,5 mg/dl), vacunas etc.
Muchas de estas pruebas no son necesarias y ni siquiera útiles si la observación del niño es normal.
Por ello habrá padres y madres informados que no estén de acuerdo con ellas y será muy respetable escuchar y seguir las expectativas de estos padres que ante la duda de pruebas o intervenciones sobre su hijo prefieren seguir observado a su hijo sano y sólo intervenir si hay algún problema.
Hay autores como Jean Liedloff, que nos hablan del concepto del continuum. Se refieren a la idea de que, para alcanzar un óptimo desarrollo físico, mental y emocional, los seres humanos (especialmente los bebés) necesitamos vivir las experiencias adaptativas que han sido básicas para nuestra especie a lo largo del proceso de nuestra evolución. Estas experiencias necesarias son:
- Contacto físico permanente con la madre (u otro familiar o cuidador/a) desde el nacimiento.
- Permanecer constantemente en brazos o pegado/a al cuerpo de otra persona hasta que el bebé comience a arrastrarse o gatear por sí mismo, lo que sucede en torno a los 6-8 meses.
- Dormir en la cama de los padres en permanente contacto físico hasta que el bebé decida lo contrario por sí mismo, lo que ocurre alrededor de los dos o seis años.
- Lactancia materna a demanda.
- Disponer de cuidadores/as que atiendan las necesidades del bebé (movimientos, llantos, etc.) sin emitir juicios ni invalidarlas.
- Es importante tener en cuenta que el bebé no debe ser el centro de atención permanentemente, aunque sí debe sentir que sus necesidades serán satisfechas.
- Hacer sentir al bebé que es querido y bienvenido.
Así, poco a poco, día a día, iremos viendo al niño y aprendiendo de él, el lenguaje de la vida, el camino de la salud que brota espontáneamente.
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